Mis libros

Orvallo
Orvallo es una novela que tenía que escribir, me rondaba en la cabeza desde que conocí Galicia en mi lejana juventud. Fue un flechazo cuando llegué a la estación de La Coruña en aquel tren. Me enamoré para siempre de Galicia cuando salí de esa estación de aires nórdicos. Orvallaba, un orvallo fino bañaba la ciudad, también fue ese mi primer contacto con el orvallo, recorriendo las calles empedradas de La Coruña. Recuerdo que en los altavoces de una tienda de discos de la calle Real se escuchaba la voz de Julio Iglesias, Un canto a Galicia, era la canción que interpretaba, que se podía escuchar desde la calle:
Eu queroche tanto
e ainda non lo sabes…
Cantaba Julio ese día de primeros de marzo de 1972. Desde entonces supe que algún día tendría que escribir una novela sobre Galicia y sobre el orvallo que me recibió aquel lejano día.
Sí, Orvallo es una novela que tenía que escribir. Algunas escenas y personajes como don Paco, el anciano médico de La Habana; don Anselmo, el cura de Albariz; don Pedro, conde de Ancéis; Amalia… me decían que querían ser, salir a la luz, vivir.
Amalia insistía, llamaba a las puertas de mi conciencia «déjame vivir», me decía. Ya estás ahí, Amalia querida, ya estás en la calle ¡Vive!
Amalia, un personaje femenino al que le he cogido cariño, llena de fuerza, de alegría, de belleza, de vida. Un personaje que logra que todo sonría a su paso ¡Ay! Amalia, yo también te quiero.
En esta novela he procurado alejarme del maniqueísmo porque no creo mucho en la bondad ni en la maldad extremas. Todos tenemos nuestro lado oscuro, sí. Pero también hasta el más ruin tiene una cara humana que explica su forma de ser.
He procurado expresar a mis personajes desde una mirada de ternura, una mirada que revela que con un poco de ayuda, cualquiera puede convertirse en algo parecido a una buena persona, cualquiera, hasta el más villano.
Tenía que escribir Orvallo, tenía que escribir una novela que se adentrase en la profundidad de los bosques gallegos, misteriosos, brumosos bosques donde la sombra de un céltico druida aún se refleja en los claros de luna: luar na lubre. Quería hablar de los gallegos, afables y acogedores, quería pintar su saudade y el amor a su tierra que permanece fiel desde la distancia.
Quería contar Galicia, la tragedia que durante siglos ha perseguido a sus gentes que les ha obligado a marcharse, a dejarlo todo para ir en busca de un sueño casi imposible.
En la ciudad donde nací y crecí, no emigraba nadie, más bien la gente venía en busca de trabajo y oportunidades. Yo no había conocido a ningún emigrante hasta que llegué a Galicia y supe que en la mayoría de las familias alguien tuvo que emigrar, tuvo que dejarlo todo y marchar a otros países de América o de Europa en busca de una vida mejor en un lugar lejano, desconocido, casi siempre arisco.
Orvallo no es una novela trágica, no es ese mi deseo. He querido contar una realidad cierta, pero desde una mirada amable. Una mirada que, conociendo las sombras de su tragedia, intenta ver su lado más luminoso, que también lo hay.
Los que triunfaron, los indianos que regresaron a su tierra, a encontrarse con los recuerdos de su juventud y…, por qué no decirlo, a morir en el lugar que los vio nacer.

Esas cosas que pasan
«Yo preparé el tirachinas, lo cargué con una piedra redonda, de pedernal pulido, lo tensé apuntando al suelo, de momento, pero dispuesto a disparar a la cabeza del tirano cuando levantase el puño para golpear de nuevo. Se respiraba un denso terror en el ambiente, un terror silencioso que nos sobrecogía a todos. Miguelito seguía abrazado a Toby, esta vez sus gafas no despedían ningún destello, estaban en el suelo a unos metros de él, solo sus ojos miopes seguían mirando al déspota, miraban fijamente, con esa mirada detenida que tienen los miopes. No sé cuánto tiempo pasó, ni cuánto tiempo mantuve tensado el tirador presto a disparar…»
Esas cosas que pasan, el quinto libro publicado por el autor, es una antología que reúne 14 relatos escritos entre 2012 y 2022.
Son relatos breves, alguno muy corto, que nos hablan de la vida. Una vida que se asoma tímidamente en la inocencia de la niñez cuando todo luce con el brillo de lo nuevo, en la madurez cuando vivimos entre el ruido y la prisa y en la vejez cuando todo empieza a verse ya lejano y predominan los recuerdos.
Esas cosas que pasan nos invita a una lectura reposada de historias sencillas donde nos encontraremos con la ternura, la melancolía, el humor y… el amor.

Al final del otoño
Antes del COVID solía comer un par de veces al año con un grupo de psiquiatras con los que trabajé en un proyecto hace tiempo y, desde entonces, mantenemos una buena amistad.
Eran comidas distendidas en las que arreglábamos el mundo y no se solía hablar de medicina ni de cosas que tuvieran algo que ver con nuestros trabajos. Pero recuerdo que, en una ocasión, alguien habló de los trastornos de la personalidad y la conversación fue derivando hacía la sociopatía y esos psicópatas con los que nos cruzamos con cierta frecuencia sin advertirlo la mayoría de las veces.
El tema despertó mi curiosidad y seguí investigando por mi cuenta, leyendo todo lo que caía en mis manos, abriendo esas oscuras puertas que deberían permanecer siempre cerradas. No tardé en llegar a los peores de todos los psicópatas: los asesinos en serie. Hay una extensa bibliografía escrita en español, inglés, francés… muy accesible para todos los públicos.
Al final, tanta información se removía en mi cabeza y me llevó a escribir una novela; aunque yo no quería escribir una novela negra o un thriller o algo así, no, yo quería hablar de la psicopatía, y de su versión más grave: los asesinos en serie.
Me puse a escribir, iban apareciendo los personajes, los investigadores, los criminalistas y apareció también, claro, el psicópata asesino. Yo quería que el lector entrase en la mente de ese asesino, lo puse a escribir un diario en el que reflejaba sus pensamientos y su visión enfermiza y distorsionada de sí mismo y de los demás, y salió la novela Al final del otoño.
Por lo que me cuentan algunos lectores, es una novela que se lee fácilmente, que atrapa al lector con una trama que avanza sin detenerse en largas descripciones y unos personajes, la policía y los investigadores a los que se les coge cariño. Al menos yo sí que me encariñé con ellos.
He aprovechado también para destacar el papel de estos investigadores, el difícil trabajo al que se enfrentan para descubrir a un asesino que mata aleatoriamente, sin ningún móvil, sin ninguna relación con sus víctimas. Y al triste y negativo papel de cierta prensa y ciertos políticos que presionan sin ayudar en nada, de esos tertulianos que hablan de todo y no saben de nada, que tratan los temas sin ninguna sensibilidad, aprovechando su momento de gloria para dejar ahí su comentario más ácido.
Creo que la novela también refleja estas cosas.

El vuelo del petirrojo
Una niña de once años nos cuenta lo que le ocurre en una ciudad sitiada y devastada por la guerra. Nos lo cuenta en tiempo real, el hambre, el dolor, la miseria y la muerte se describen con crudeza con la voz de esa niña, Ángela.
Tardé un año en escribirla, lo hice durante todo el año 2017 y, confieso, que supuso para mí un esfuerzo especial porque, cuando me sentaba a escribir, tenía que recomponer mi mente para encontrar la voz de esa niña y ver y sentir las cosas como la pequeña que cuenta su historia.
Escribir en primera persona con la voz de una niña de esa edad nos permite una intimidad con el lector muy difícil de lograr con otras formas narrativas, pero también limita los recursos porque el lenguaje, los pensamientos y las propias descripciones se tienen que adaptar a la edad de la protagonista.
La novela ha tenido cierto éxito, ha sido número uno de ventas en cuatro categorías de Amazon, pero lo que más me emocionó fueron las palabras de una niña norteamericana diciéndome que era la historia más bonita que había leído en su vida, que en su colegio la estaban leyendo en las clases de español y que ella y sus amigas esperaban una segunda parte.
Pero no, no creo que escriba una segunda parte, sería demasiado triste. Es mejor dejar las cosas como están.

Señor de los charcos. Diario íntimo de un hombre feo.
Es una novela intimista, un diario donde el protagonista refleja sus sentimientos y sus vivencias, pero una segunda voz (una especie de conciencia) matiza con crudeza lo que el protagonista no se atreve a escribir.
Mario Martín Strozzi es un hombre culto, inteligente, con una desahogada posición económica, un hombre generoso y sensible. Un buen tipo que posee una singular belleza interior. Pero carece de belleza física, es un hombre feo y esa fealdad ha marcado su vida y le ha movido a refugiarse en la ciudad donde nació y creció.
La ciudad es una ciudad fría y lluviosa del norte de España, una ciudad que transpira melancolía.
Señor de los charcos es en realidad una historia de amor, una defensa del amor como un sentimiento que nos eleva, que está por encima de todas las emociones y que vale la pena sentir, aunque cause dolor.
Disfruté escribiendo esta novela porque el protagonista, un culto profesor de literatura, me llevó a un lenguaje más literario y me permitió colar algunos versos que me han emocionado y acompañado en la vida.
Hay dos libros que me sirvieron de inspiración, los dos son diarios. Uno de ellos, Diarios, de Sándor Márai. Melancolía y nostalgia que crecen a medida que avanza el diario y termina con el suicidio del escritor.
El otro El oficio de vivir, un diario donde se recogen las más bellas páginas del escritor y poeta italiano Cesare Pavese:
« …Cuanto más preciso y determinado es el dolor, más se debate el instinto de vivir y se debilita la idea del suicidio.
Parecía fácil, al pensarlo. Y, sin embargo hay mujercitas que lo han hecho. Hace falta humildad, no orgullo.
Todo esto da asco.
No palabras. Un gesto. No escribiré más»
De esta forma termina el sombrío diario de Pavese en agosto de 1950, nueve días después se suicidó.

Ven, dulce muerte
La primera novela que escribí. Es una historia que siempre tuve en la cabeza y que necesitaba contar. Es, tal vez un poco experimental, recuerdo que me inspiré vagamente en una novela de Henry François Rey: La comedia. Una triste reflexión sobre la adicción y la vida.
El protagonista es un atractivo seductor, escritor de éxito, culto, inteligente y sin problemas económicos. Lo tiene todo.
Pero hay algo maldito en él, algo que marca y destroza la vida de los que tienen la desgracia de cruzarse en su camino. Y él lo sabe y sufre por ello. Sufre tanto que va cayendo en una especie de depresión que le mueve a buscar la muerte.
Ven, dulce muerte es una historia de depresión y alcoholismo que nos ayuda a comprender mejor la vida.






