Ausencia:
¿qué sabemos realmente de los que amamos?

El origen de una novela coral
La vida está llena de choques entre nuestros planes y los golpes de la tozuda realidad, que insiste en recordarnos lo vulnerables que somos. A veces, basta una noticia para desmontar nuestras seguridades. Hace algunos años, recibí una de esas noticias: “te queda poco tiempo de vida”, me dijeron.
Mi primera reacción fue rebelarme. No asumía que mis planes se truncaran, no aceptaba olvidarme de mis preciados proyectos. Incluso se me pasó por la cabeza terminar con todo.
Al final, todo pasó: el diagnóstico no era correcto. Sin embargo, lo que viví me dejó una secuela: el impulso de escribir una historia que diera forma a esa experiencia límite, una historia que hablara de cómo nos rebelamos ante nuestra fragilidad.
Así nació Ausencia, una novela coral, una novela polifónica.
Una novela coral sobre la fragilidad y la supervivencia
Mi experiencia personal no bastaba. Podía partir de ella, pero necesitaba transformarla. Si solo contaba mi experiencia, el resultado habría sido un testimonio, pero no literatura.
¿Cómo he resuelto el desafío?
He escrito una novela coral, una novela de personajes que nos permite escuchar no una única verdad, sino una polifonía de emociones humanas desde múltiples voces y perspectivas.
¿Por qué esta elección? Porque así puedo explorar la fragilidad y la desesperación que puede anidar en quien parece tenerlo todo, pero también contar cómo se recomponen los que se quedan, aquellos que no tienen otra opción que reconstruir su vida y seguir adelante.
Una novela coral de inicio abrupto
Ausencia se inicia con una escena tan inesperada como brutal: el célebre pintor Javier Salinas, uno de los artistas más admirados de su tiempo, abandona la mesa familiar durante la cena de Nochevieja y se suicida minutos después. Lo tenía todo: prestigio como pintor de retratos, una vida acomodada y una familia, pero decidió irse.
A partir de ahí, no seguimos la historia de Javier, sino las de quienes se quedan. Su esposa, su hija, su hijo, su amante y su mejor amigo se convierten en los personales de esta novela coral. Cada uno reconstruye en su memoria la figura del hombre que se fue: sus luces, sus sombras, sus heridas ocultas…
A través de estas cinco voces, el lector asiste no solo a la reconstrucción de una vida, sino también a la transformación de quienes han de atravesar el duelo y continuar. Cada personaje ofrece un punto de vista distinto. Puede decirse que Ausencia abraza plenamente el perspectivismo propio de la novela moderna.
Una novela coral que nos interpela
Desde su polifonía literaria, esta novela coral nos interpela: ¿qué sabemos realmente de los que amamos? ¿Cómo procesamos las decisiones radicales que nos dejan sin palabras? ¿Cómo vivir sin entenderlo todo?
Ausencia no es solo una historia sobre un suicidio. Es una invitación a mirar lo que solemos evitar: la fragilidad y la incertidumbre que siempre nos acechan.
También es una novela sobre la resiliencia de los que se quedan, de aquellos que no tienen otra opción que recomponer sus vidas y abrir nuevos caminos.
Y es además una novela sobre una de nuestras más grandes limitaciones: no comprender que nuestras vidas continúan en las de otros.
